Cartas de Amor

Imagina conmigo que eres tú: una chica soltera viviendo su vida como normal. Quizás estás estudiando, trabajando o ayudando a la familia en casa. Tienes tu grupito de amigos y vas a la iglesia los domingos (o en estos tiempos te conectas a las reuniones en zoom de vez en cuando). Hay un chico de otra iglesia que escribe unas cartas de amor bien bonitas. Has escuchado de él durante meses o tal vez años. Dicen que es un buen chico: muy amable, con buena teología, siempre sirviendo a los demás. Además pone sus cartas en un blog en línea. Has echado una vista a algunas. Incluso le consideres un conocido. Hasta a veces cuentas a otros sobre las cartas que él escribe. Pero la verdad, no has leído todas. Y no tienes ganas de estar ahí siempre pendiente de lo que escribe. Sin embargo, tienes algunas amigas que sí las leen. Siempre. Y siempre están hablando de que escribió ese chico en su carta más recién.

Hasta un día te enteras de una noticia que cambia todo: ese chico, lo que conoces pero que realmente no te había llamado la atención, ¡escribe estas cartas para ti! Ese amor que él de una forma tan bonita se exprese es un amor dirigido a tu mismo. No lo puedes creer. Es lindo pero a la vez es algo extraño. Cómo va a escribir cartas de amor a una chica que medio conoce? Quizás te haya visto algunas veces en las conferencias de jóvenes o algún lugar por ahí. Pero aún no te emociones.

Pero ahora te da curiosidad. ¿Qué exactamente es lo que dicen esas cartas? Vas a su blog. Y das clic un la primera. Empiezas a leer y te das cuenta que hay mucho que no sabes de él. Es como leer las palabras de un extraño. Quizás sean bonitos pero no te causan la misma emoción que cuando tu crush te queda viendo. Pero sigues leyendo. Al principio es por curiosidad. ¿Quién no va a leer una carta de amor que fue escrito por él o ella? Casi te sientes obligada de hacerlo. Sería muy grosera no leerlas sabiendo que eran escritos por ti.

Conforme a que vas leyendo, te das cuenta que ya no se siente tan lejos ese chico no tan conocido. Casi empiezas a escuchar su voz. A imaginar cómo es su forma de ser. Lees 2, 3, 5, 10 cartas. Llegando al 15 sientes que son palabras de un amigo. Pero son muchas. No terminas de leerlas en un día. Ni una semana. Pero poco a poco sigues ahí, cada vez más segura de que ese chico sí te ama. No dejas de entender cómo es posible. Pero parece ser verdad.

Y algo aún más extraño empieza a pasar en tu corazón. Te das cuenta que tú también lo amas. Que ahora, no lees las cartas por obligación o curiosidad. Las lees porque amas el chico que las escribió. Porque leerlas es conocerle a él. Y sentir su amor. Y a estos grados ya es algo que sí te interesa.

Lo que empezó no tan emocionante ni amoroso por tu parte se ha vuelto uno de las gran alegrías de tu día y de tu vida. Esa persona que decías conocer se ha vuelta en tu amor y prioridad número uno. Pero ese amor se tenía que desarrollar. Venía después de mucho tiempo meditando en las palabras de quien creías conocer ya.

Y así muchas veces nos pasa con Dios y su Palabra. A lo mejor es algo común entre los que hemos crecido en la iglesia. Siempre escuchamos de Dios, de Jesús. Decimos que creemos que él es bueno. Que es amoroso. Que sus palabras con bonitas. Pero echamos una vista y decidimos que a lo mejor no son para nosotros. O quizás sí. Pero realmente no sentimos muy emocionados a leerla. Y por eso simplemente dejamos a un lado nuestra Biblia y seguimos con la vida como si Jesús fuera nada más un conocido que respetamos pero no amamos.

Quizás hayas escuchado que predican y enseñan que debemos de leer la Palabra porque le amamos a Dios. Y cómo no sientes ese amor crees que tienes que sentirlo antes de empezar. Pero el amor no funciona así. ¿Cómo podemos amar a alguien que ni siquiera conozcamos? Porque saber de alguien no es lo mismo que conocerle.

Si andas esperando a que te den ganas de leer tu biblia todos los días para hacerlo, vas a estar esperando mucho tiempo aún. Lo más probable es que te quedarás esperando toda la vida. Entonces, ¿qué esperas? ¿Por qué no empiezas hoy a conocer a la persona quién más te ha amado? ¿No te da curiosidad saber más de él y de su amor? Lo que ahora es una disciplina, a lo mejor motivada por deber y no querer, tiene la capacidad de volver en algo tan hermosa como no te imagines.

¿Aún habrán días en que no te sientes con ganas de abrir tu Biblia? Sí. Pero al conocer el gran amor de Dios, te costará mucho más trabajo quedar sin sus palabras de consuelo y amor. Así que animó y te reto: desde hoy hasta el fin del año compromete a leer la palabra de Dios cada día. Y al final del año, ponte a evaluar en que forma tu corazón ha cambiado.

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